November 2011
11 posts
Nadie puede afirmar que conoce a fondo Buenos Aires si se perdió su fútbol. Las discusiones en el café, el ruido de la tribuna, las jugadas y los goles. Más tarde, el hipódromo luce algunos de los mejores sangre pura de América latina y un ambiente porteño retratado en mil tangos.
![]()
![]()
Existen ciertos bares en la Ciudad de Buenos Aires que fueron escenario de actividades culturales significativas o que, por antigüedad, arquitectura o relevancia local, son considerados “Notables” y forman parte oficial del patrimonio cultural porteño.
Conocerlos y compartir la atmósfera amable de las charlas de café, disfrutando de un clásico “cortado”, es ritual obligado para los habitantes de la Ciudad y una experiencia imperdible para los viajeros.
El Gobierno porteño ofrece una lista de 60 bares notables para recorrer en la ciudad.
Para los chicos, cada julio Buenos Aires es una fiesta. A la ya de por sí importante oferta cultural, deportiva y de entretenimientos se suma una cantidad de espectáculos y actividades que se producen especialmente para las vacaciones de invierno. Así, la agenda registra más de un centenar de propuestas, y la ciudad completa se convierte en un patio de juegos. Mejor para los chicos, y también –por qué no– para los adultos que se hacen tiempo para acompañarlos, y así disfrutan ellos también del recreo.
Parques y espacios verdes
Buenos Aires está llena de lugares donde hacer un picnic, jugar un picadito o andar en bicicleta. Quizás el sitio más clásico sea Palermo, con sus lagos artificiales con botes a remo o a pedal. Allí también es posible alquilar patines y bicicletas simples, dobles y hasta triples, pasear en mateo –un vistoso carro tirado por un caballo- y visitar el famoso Rosedal, con más de mil especies de rosas. Dentro del mismo circuito se encuentra el Jardín Japonés, un bello paisaje de puentes y lagunas con asombrosos peces de colores que los chicos pueden alimentar. También se encuentra cerca el Jardín Botánico, que se destaca por sus esculturas y su enorme cantidad de gatos. La Reserva Ecológica de Costanera Sur propone conocer cómo era la naturaleza de esta región antes de que se construyera la ciudad. Es ideal para recorrer en bicicleta, o planear paseos a pie; todos los senderos confluyen en una playa frente al Río de la Plata. Hay visitas guiadas especiales para ayudar a los chicos a descubrir la fauna y flora del lugar. El Parque de los Niños, en Av. Lugones casi Gral. Paz, es un espacio privilegiado que fue copado por los amantes de los barriletes. Allí, frente al río, se puede remontar el barrilete –propio o alquilado–, y también pasar la tarde tomando mate. Los barrios ofrecen otros espacios, como el Parque Avellaneda, el Parque Centenario, Agronomía y Plaza Francia. Todos convocan a artistas callejeros que alegran los fines de semana con espectáculos a la gorra.
Escenarios
Cada barrio tiene su teatro, y cada teatro presenta espectáculos para chicos en invierno, aunque la mayor oferta se concentra alrededor de la Av. Corrientes. Hay para todos los gustos: teatro clásico, adaptaciones de programas de tevé, shows más y menos participativos, musicales, títeres, espectáculos de danza y de circo; para chicos chiquitos, muy chiquitos, más grandes y hasta adolescentes. Para evitar decepciones o aburrimiento, conviene consultar en la sala a qué público está dirigido cada espectáculo. En julio se hace casi imprescindible comprar las entradas con anticipación, o al menos reservarlas por teléfono. También, muchos centros culturales presentan espectáculos gratuitos o a la gorra. También hay gran cantidad músicos y hasta bandas de rock dedicadas al público infantil. Algunos de los más conocidos son Magdalena Fleitas, Caracachumba, El Murgón de la Esquina y Papando Moscas. Para los más chicos, La Calle de los Títeres, en el Centro Cultural del Sur, propone funciones con elencos rotativos todos los sábados y domingos.
Reino animal
El Zoológico de Buenos Aires es una excelente opción, con 350 especies de aves, mamíferos y reptiles. Se destaca el acuario, que presenta un show por las tardes, el reptilario y el “rainforest”, un puente colgante que permite descubrir el ambiente de la selva subtropical. El Zoo ofrece programas educativos que concientizan sobre el cuidado de la naturaleza a través del juego. Para una mayor interacción con los animales se puede visitar la Granja Educativa de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires. Allí, todos los fines de semana, los chicos pueden ver cómo se alimentan las gallinas, se crían patos y conejos, aprender a ordeñar una vaca y a armar una huerta orgánica. También hay talleres y obras de teatro.
Museos niño-friendly
Buenos Aires tiene dos museos especialmente pensados para chicos. El Museo Participativo de Ciencias tiene en la entrada un cartel que dice “prohibido no tocar”. Con esa premisa, se invita a los chicos a descubrir los misterios de la ciencia a través de juegos y miniexperimentos. El Museo de los Niños, que funciona dentro del shopping Abasto, es una suerte de réplica de una ciudad, pero a escala infantil. Allí, los chicos pueden tomar el rol de un policía o una enfermera, o pasearse por un supermercado a su medida, entre distintos juegos. Muchos de los museos de la ciudad programan actividades especiales para chicos durante las vacaciones de invierno. El Malba ofrece actividades, talleres y visitas guiadas para acercar a los chicos al arte latinoamericano. El Museo de Ciencias Naturales, que tiene como principal atractivo un dinosaurio reconstruido, también ofrece visitas especiales. Otros museos pueden ser muy interesantes para los chicos con un poco de ayuda de los adultos. Por ejemplo, el Museo de la Caricatura Severo Vaccaro, el Del Automóvil, el Del Cine, o incluso el Museo Nacional de Bellas Artes, con su importantísima colección permanente.
Con historia
Una visita a Buenos Aires puede resultar inolvidable para los chicos si consiguen bucear en la historia de la ciudad. Para eso pueden visitar la Plaza de Mayo y el Cabildo, en el corazón del casco histórico. Los domingos a las 16.30 hay visitas guiadas que relatan la historia de la Revolución de Mayo. Cruzando la plaza, la Casa Rosada (casa de gobierno) tiene su propia historia, y su propio museo con los recuerdos de todos los presidentes argentinos. Muy cerquita, el Museo de la Ciudad exhibe objetos de la vida cotidiana del Buenos Aires de antaño. Bajando hacia el río, se pueden visitar la Corbeta Uruguay y el Buque Museo Fragata Sarmiento. Pero quizás lo más impactante sea visitar los túneles subterráneos que parten del solar conocido como La Manzana de las Luces, y que en las épocas de la colonia llegaban hasta el puerto. Los chicos adoran el misterio, y más si viene del siglo XVII. El descenso a los túneles es completamente seguro. Un poco más lejos, en Caballito, se puede pasear en el último tranvía porteño, y escuchar, de paso, su historia.
En el cielo las estrellas
El Planetario Galileo Galilei, ubicado en los bosques de Palermo, presenta espectáculos adaptados a distintas edades con la intención de poner a los chicos en contacto con el universo, nada menos. Su cúpula, que puede simular una noche estrellada, ha asombrado a los niños por generaciones, lo mismo que el fragmento de meteorito que se encuentra en la entrada. Para quien prefiera la observación directa de las estrellas, el lugar indicado es el Asociación Amigos de la Astronomía, en Parque Centenario. Allí, todos los viernes y sábados a la nochecita se invita a escudriñar el cielo con telescopio, bajo la atenta mirada de los guías.
Y por si esto fuera poco…
Para los chicos que no pueden quedarse quietos, son ideales las pistas de patinaje sobre hielo. Además, la ciudad está llena de peloteros y centros de juegos para chicos. Cada shopping center tiene uno, y funcionan como pequeños parques de diversiones. Eso sí, si se busca uno grande, el destino es el Parque de la Ciudad, en Villa Soldati. Hay que tener en cuenta que ocupa 120 hectáreas, de modo que es probable que los más chicos se cansen de caminar. La última novedad son los bares diseñados especialmente para chicos, con entretenimiento incluido, como Recursos Infantiles y Canté Pri. Para los nostálgicos, además, todavía quedan algunas calesitas.
![]()
Buenos Aires es una de las capitales mundiales del teatro. El público porteño consume los géneros más disímiles: obras clásicas del teatro nacional o cuidadas adaptaciones de éxitos internacionales; la comedia musical más clásica o el unipersonal más vanguardista. Muchas de las obras son dramas, pero también es típico de Buenos Aires el teatro de revista, piezas livianas de humor vulgar con cómicos y vedettes.
CIRCUITO OFICIAL
Está compuesto por el Complejo teatral General San Martín, el Teatro Colón y el Teatro Nacional Cervantes principalmente. Se representan obras clásicas y también versiones innovadoras del teatro universal y la lírica.
CIRCUITO COMERCIAL
Tiene su centro en la Av. Corrientes donde se presentan comedias musicales, espectáculos de tango, revistas y versiones locales de obras representadas en todo el mundo. Entre los más importantes se encuentran el Lola Membrives, Nacional, Astral, Complejo Teatral La Plaza, Metropolitan, Ópera.
TEATRO OFF O CIRCUITO ALTERNATIVO
Este circuito, se concentra en el barrio del Abasto pero se extiende a los barrios de Palermo y San Telmo. En este circuito abundan las puestas vanguardistas de creadores jóvenes que se presentan en espacios reformados para salas teatrales, por lo general pequeñas, pero con una importante rotación de público, particularmente joven. Los teatros más reconocidos son El camarín de las musas, Espacio Callejón, Abasto Social Club, Callejón de los deseos, La carbonera, Celcit, el Piccolino, Chacarerean Theatre, Centro Cultural de la Cooperación. En el circuito off se estrenan, en promedio, cinco o seis obras por semana.
![]()
Además de ser uno de los polos culturales de América latina, Buenos Aires es una importante sede de eventos empresariales, ferias, congresos y exposiciones.
El negocio ferial está viviendo una gran expansión en la Argentina en general y en Buenos Aires en particular.
La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es un buen ejemplo del modo en que Buenos Aires fusiona las actividades culturales con las oportunidades comerciales.
La Feria Internacional de Turismo (FIT)
La FIT —que se realiza cada noviembre desde 1996— es la mayor feria turística de América latina. Los dos primeros días, la Feria abre al público en general, y los dos últimos a los profesionales.
La Rural
La Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria, “la Rural”, se realiza desde hace 120 años en el mes de julio. Es la muestra agro-ganadera más importante de Sudamérica y se constituye como centro de negocios ineludible del agro. Empresarios y productores se encuentran en un mismo ámbito para mostrar nuevos productos y tecnologías.
Por sus características es muy visitada por público en general y por extranjeros.
La Feria del Libro
La Feria del Libro de Buenos Aires es mixta y una de las 5 ferias editoriales más importantes del mundo junto con las de Frankfurt, Londres, Bolonia y la Book Expo América. Es reconocida y destacada por su tamaño, por la cantidad de visitantes, por los expositores y por las actividades culturales protagonizadas por figuras ilustres. Genera también un efecto multiplicador de puestos de trabajo, servicio, asistencia y turismo.
![]()
San Nicolás, junto con Monserrat, fueron los primeros barrios de Buenos Aires en ser poblados. Por su ubicación con respecto al templo mayor, durante muchos años se lo denominó Catedral al Norte, mientras que Monserrat era llamado Catedral al Sur. El barrio tomó su nombre actual hacia 1720, a partir de la construcción de la iglesia San Nicolás de Bari, ubicada en la esquina de las actuales Carlos Pellegrini y avenida Corrientes. La obra se llevó a cabo a instancias de Domingo de Acassuso, un devoto hombre de fortuna. A pocos metros de allí se hallaba la Plaza de San Nicolás, que por entonces era sitio de reunión de comerciantes y destino de las carretas que traían mercaderías a Buenos Aires. Por la actual calle Libertad corría el Tercero del Medio, un arroyo que constituyó el límite oeste de la Ciudad hasta principios del siglo XIX. Las calles del barrio de San Nicolás fueron escenario de la lucha contra las fuerzas inglesas durante las invasiones de 1806 y 1807, y la iglesia se utilizó como depósito de municiones. El siglo XX trajo consigo la transformación de la Ciudad, y con el trazado de la Diagonal Norte y el ensanchamiento de la avenida Corrientes, la iglesia fue demolida y reconstruida en su ubicación actual, sobre la avenida Santa Fe, fuera del barrio al que dos siglos antes le había dado su nombre.
![]()
En sus comienzos, la zona del barrio de Retiro estaba alejada del trazado de la Ciudad. A fines del siglo XVII, el gobernador de Buenos Aires, Agustín de Robles, construyó aquí una lujosa casa de campo a la que llamó “El Retiro”, y marcó con ello el comienzo de la progresiva urbanización de este distrito. En 1801 se construyó en el lugar una plaza de toros con capacidad para diez mil espectadores. Con la prohibición de este entretenimiento en la Ciudad, la plaza fue demolida en 1819, pero durante su existencia sirvió como cuartel a los invasores ingleses en 1807, y como establo del Regimiento de Granaderos a Caballo, creado por el general San Martín en 1812. Así, adoptó distintos nombres: se lo llamó Campo de la Gloria luego de la derrota de los ingleses, y Campo de Marte, a raíz de los ejercicios militares que allí se llevaron a cabo. Poco a poco, testigo de importantes acontecimientos de la vida de Ciudad de Buenos Aires, el barrio de Retiro fue adquiriendo protagonismo. A fines del siglo XIX, una epidemia de fiebre amarilla asoló la Ciudad, y las familias de la alta sociedad, que hasta entonces residían al sur de la Plaza de Mayo, comenzaron a trasladarse a esta zona en busca de un aire más saludable. En la actualidad, el barrio de Retiro es uno de los más elegantes de Buenos Aires. Sus amplias plazas, sus residencias señoriales, sus hoteles de lujo y sus altos edificios de oficinas, conforman un mosaico donde convergen el presente y el pasado de esta Ciudad.
![]()
A fines del siglo XIX se decidió brindar a la Ciudad una infraestructura portuaria adecuada, lo que dio origen a un importante debate en la sociedad porteña en torno a dos proyectos: el del ingeniero Luis A. Huergo y el de Eduardo Madero. La propuesta de Madero, que preveía la ubicación del puerto en las inmediaciones de la Plaza de Mayo, fue aprobada por el Congreso de la Nación en 1882. Las obras se inauguraron en 1897. Más adelante, a principios del siglo XX, se edificaron los depósitos de ladrillo rojo, que hoy constituyen la estampa del barrio. Luego, hacia 1916, se trazó la avenida Costanera, uno de los paseos predilectos de los porteños, y se creó el Balneario Municipal. Debido al deterioro de las instalaciones, entre 1911 y 1930 se construyó el Puerto Nuevo en reemplazo del proyectado por Madero, que quedó abandonado durante más de cincuenta años. En 1989 se resolvió rescatar la vieja zona portuaria para integrar la Ciudad al Río. El proyecto, liderado por la Corporación Antiguo Puerto Madero –una sociedad mixta conformada por el Gobierno nacional y el de la Ciudad– implicó la recuperación de 170 hectáreas para viviendas y espacio público. Este barrio, cuyas calles rinden homenaje a mujeres destacadas de la historia argentina, pronto se transformó en un exclusivo centro residencial, gastronómico y de negocios de la Ciudad.
![]()
La denominación “Abasto” no figura en los registros catastrales de la Ciudad; sin embargo, hay una zona del barrio de Balvanera a la que los porteños, desde comienzos del siglo XX, conocen con este nombre. Ello se debe a que aquí funcionó, hasta 1984, el Mercado de Abasto, que transformó la vida de estos suburbios de chacras y potreros en un lugar bullicioso y muy transitado. El Abasto acogió a inmigrantes de distintas procedencias y en él se levantaron pequeños teatros, circos, fondines, cantinas y bares. En los alrededores del Mercado vivieron algunos de los artistas que definieron las formas modernas de la música porteña: Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y el más famoso ícono del tango, Carlos Gardel.
![]()
Cuando en 1580 Juan de Garay fundó la Ciudad de Buenos Aires, repartió tierras entre los integrantes de su expedición. El sector comprendido por el actual barrio de Recoleta fue concedido a Rodrigo Ortiz de Zárate. El nombre de este barrio porteño deriva del Convento e Iglesia de los frailes recoletos que llegaron aquí a principios del siglo XVIII. Era común que las órdenes religiosas tuvieran sus conventos alejados del centro de la metrópoli –por esos años limitada al entorno de la Plaza de Mayo– para las prácticas de retiro espiritual y contemplación. Hacia fines del mismo siglo las grandes chacras y quintas, como también los baldíos deshabitados del lugar, comenzaron a dividirse y a poblarse. El único camino que unía la zona con el centro era una calle larga, la actual avenida Quintana. Hacia 1830 se inició la remodelación urbana de Recoleta, con la apertura de la avenida Callao. Tras las frecuentes epidemias de cólera y, sobre todo la de fiebre amarilla de 1871, las familias más ricas del sur de la Ciudad se desplazaron al Norte y así fueron poblando la zona. La consolidación definitiva del barrio fue obra del primer intendente de la Ciudad, don Torcuato de Alvear. A partir de entonces comenzaron a construirse opulentos palacios rodeados de jardines, copiando el modelo europeo, especialmente el francés. Los arquitectos y la mano de obra eran por lo general extranjeros, y los materiales, importados. Hoy el barrio se distingue por la calidad de su arquitectura, el carácter aristocrático de sus residencias y palacios, y sus espléndidas plazas. La Iglesia, el Cementerio y el actual Centro Cultural constituyen un conjunto arquitectónico rico en historia. Una serie de locales de esparcimiento convoca a los visitantes conjugando música, gastronomía y paseo. En los espacios verdes, de vegetación profusa y árboles añosos, se desarrolla un amplio abanico de actividades, donde convergen el quehacer cultural y la recreación junto con recitales, ferias y exposiciones.
![]()
October 2011
2 posts
San Telmo es uno de los barrios más antiguos y tradicionales de Buenos Aires. Forma parte del casco histórico de la Ciudad y conserva gran parte de su patrimonio arquitectónico. Sus calles empedradas, casas bajas y patios con aljibes, sugieren una estampa detenida en el tiempo. También se destaca por sus bares, restaurantes, tanguerías y, en especial, por su la amplia variedad de anticuarios de distintos rubros. En el corazón de San Telmo yace la plaza Dorrego, la más antigua de Buenos Aires después de la histórica Plaza de Mayo. Los domingos este espacio es escenario de la feria de antigüedades al aire libre más importante de la Ciudad. Pedro González Telmo, Patrono de los Navegantes, era un fraile de la orden de los dominicos que vivió en España en el siglo XIII. Allí se dedicaba a predicar el Evangelio a los navegantes y pescadores de Galicia y Portugal. En el siglo XVII, la vida de los primeros pobladores del lugar giraba en torno a la actividad portuaria, y esa fue la razón por la cual se eligió a San Pedro González Telmo patrono de este barrio que hoy lleva su nombre.
![]()
![]()
La historia del barrio de La Boca comienza con la llegada del primer adelantado don Pedro de Mendoza en 1536. Algunas teorías, como la que sostiene el historiador Paul Groussac, aseguran que en las inmediaciones del río conocido desde entonces como Riachuelo, se estableció aquel primer Fuerte que dio origen a la Ciudad. Si bien no hay ningún documento concluyente al respecto, lo cierto es que Pedro de Mendoza y sus lugartenientes anduvieron por aquí, una zona pantanosa, poblada de sauces y pajonales. Aquel asentamiento fue abandonado a los pocos años, y cuando don Juan de Garay fundó la Ciudad en 1580, el único refugio que ofrecía a los navíos este tramo de la costa pampeana continuaba siendo el Riachuelo, por ese motivo aquí se estableció el puerto. Las tierras eran bajas, se inundaban con frecuencia y, de tanto en tanto, eran azotadas por la sudestada, viento característico de estas regiones. Durante mucho tiempo, La Boca –que debe su nombre a la entrada del Riachuelo– fue un arrabal poblado de ranchos y pulperías. A mediados del siglo XIX comenzó a aumentar el movimiento de barcos, y surgió un barrio marítimo en torno al puerto, donde se aglutinaron astilleros, silos, saladeros, curtiembres y depósitos de lana y carbón. Numerosos inmigrantes eligieron este sitio para establecerse, ante las posibilidades laborales que ofrecía el puerto. Construían sus casas de madera y chapa, sobre pilotes, para hacer frente a las crecidas del Riachuelo, y pedían los sobrantes de pinturas en los astilleros para colorear las paredes. También llegaron bohemios, pintores, escultores, músicos y cantantes. Así surgió este barrio pintoresco, lleno de vida, que inmortalizó la paleta del artista Benito Quinquela Martín.